martes, 18 de septiembre de 2012

Con sabor a vino

 Está lloviendo sobre Paris. Es una tarde de mediados de noviembre y en las calles sólo se ve la oscuridad, perforada por la luz amarillenta de las farolas de la gran ciudad. El viento susurra fuerte historias apagadas a las hojas de los árboles, luchando por hacerse oir entre las gotas que repiquetean en la forja de los balcones y el cemento del asfalto. Dentro en la habitación suena en el equipo de música un disco olvidado tanto tiempo en el cajón, y recuperado en una de esas limpiezas. Se le oye implorar a Ismael Serrano que se calle el ruido, y sus notas melódicas arrancadas a la guitarra.
  Lara vive en un modesto ático en la rue du Calvarie. Es un poco cochambroso, pero a ella le da tranquilidad esa mezcla de viejo y nuevo, ese sentir que en esa casa ha vivido mucha gente. Pensar que se han dado grandes historias en él, grandes historias de gente insignificante igual que ella. Ha sido un día largo en la academia, un día largo además de triste y frío. Demasiados estudiantes malgastando las horas y absorbiendo sus fuerzas.
 Son las siete y ya cansada está desmaquillándose frente al tocador. Es un mueble antigüo de época con unas pequeñas luces en la parte superior del espejo. Lo encontró en un mercadillo de segunda mano cuando se mudó a vivir a ese piso. Desde el momento en que sus ojos se posaron en él, sabía que debía de ser para ella, pues ella se tenía que mirar en él como lo habría echo la persona importante a la que habría pertenecido antes. Ella también se quería sentir importante, ella también tendría una vida importante.
 Pensando en el día largo que había tenido mientras se desmaquillaba, unido con sus deseos de gran vida y pasado del tocador; se percató del cansancio de su cara, reflejado en ese viejo espejo. Tengo ya treinta y cinco años y no hay día que me quite esta cara de astío - pensó mientras dejaba ver de nuevo las ojeras al paso del desmaquillante. - No me extraña que ya nadie se fije en mí, pero si parezco un ente deambulando por la ciudad; si esque me pongo un traje de época y parece casi que soy un fantasma de una mujer de la época de la guerra. Y dejó escapar un suspiro tras una larga pausa.
 Instintivamente se levantó, y se deshizo de todas las prendas que llevaba. La habitación estaba a oscuras, pero veía su reflejo en el espejo sólo con las amarillentas luces del tocador.
 - Mírate Lara, tienes treinta y cinco años y tu cuerpo no es nada esbelto. Pero tampoco tienes mal cuerpo, si alguién decidiera verte.... Se desabrochó el sujetador negro con wonderbra, que llevaba para estilizar su busto, y poco a poco se bajo sus diminutas braguitas negras de encaje. Así, derrotada, se miró en su plena desnudez. Así, se enfrentó a su imagen que tan poco atractiva le parecía entonces.
 - Se me empiezan a caer los pechos, empiezan a perder la turgencia con la que parecían desafiar cualquier gravedad. Con tímidos dedos se los acarició y como una reacción a sus pensamientos, sus pezones se endurecieron y su piel se erizó. - ¿Echas de menos las caricias, pequeño compañero? Si se callase el ruido tal vez oiría la lluvia caer y con ella mi voz llegaría hasta él. Y entonces...
 Sonó el sonido agudo del porterillo de la puerta. Se sobresaltó de manera visible, y su corazón instintivamente aceleró su ritmo constante. Fue hasta la puerta de la habitación y cogió la bata de seda de corte asiático. Se la colocó rauda mientras recorría el pasillo de forma ligera pues el timbre había sonado otras dos veces más. Descolgó el auricular mientras se preguntaba quién podía ser a esas horas y con esas prisas; si ella no había quedado con nadie, que ella recordase no.
 - Oui? - A ver quién será ahora con la tormenta que está callendo, pensaba mientras através del auricular le llegaba el sonido de la lluvia estrellándose en la acera.
 - Un paquet.
 Accionó el botón para abrir la puerta del portal. Un paquete y a éstas horas, se preguntaba mientras un sentimiento de expectación y nerviosismo crecía en su interior. Se acordó de que había estado desmaquillándose pero no sabía si había terminado o se había quedado a medias. Apresurándose, pues calculaba que quien fuese estaba al llegar, se acercó al otro extremo del pasillo, encendió la luz y se miró al gran espejo que se hayaba allí colgado. Vio varios churretes, y sonó el timbre de la puerta. - Mierda no me desmaquillé bien, estoy a medias. Sin saber qué hacer y viéndose sin tiempo pasó la manga de su bata por la cara, intentando disimular ese estropicio. - La seda, ahh, ya la lavaré.
 Corrió por el pasillo mientras el sonído metálico del timbre le aceleraba aún más sus latidos y la apremiaba a llegar y abrir.
Sujetó el pomo de la puerta, ejerció fuerza de forma descendente, tiró de la puerta y esta se abrió ante su cara.
 - Bonsoir! Madame Lara Rojo?
 - Oui.
 - Votre paquet. Vous pouvez signer ici?
 - Oui.
 - Bonsoir.
 - Bonsoir.
 Conforme veía alejarse al buen hombre por el pasillo pensaba en que había parecido tontita, pues del sí?, no había salido. Se giró con el paquete en la mano y pensó que ni un cartero se había extrañado a que estuviese con esa cara y de que le abriese así. Sus pies la conducían mientras tanto al cuarto, mas seguía inmersa en sus pensamientos. Devastada por la sensación de que ya no levantaba pasiones, ni miradas ociosas, se sentó en la cama envuelta en su espiral de autodesprecios. Fue en el momento en el que se quiso secar las lágrimas, que habían empezado a correrle por las mejillas, cuando se percató del paquete.
 Era una caja cuadrada y marrón, sin más, y sin remitente. Al fijarse en su nombre le pareció reconocer la caligafía de él, pero si era así ahora qué quería. Por qué un paquete, por qué ahora después de tanto tiempo. Dudó unos segundos antes de abrirlo, mientras su mente era un hervidero de preguntas, de recuerdos. Se decidió, y lo abrió. Arrancó las solapas de la caja, no quería andarse con remingos. Abrió esa forma de cubo marrón, y se quedó boquiabierta viendo su contenido. No sabía que se iba a encontrar, era lo único que no se había preguntado, pero estaba claro que no aquello. Metió la mano y notó el suave tacto de la lana, la cogió con delicadeza y la sacó ante sus ojos. Al abrirlo descubrió ser una bufanda de bucle.
 - Pensará que voy a pasar frío este invierno.- Se oyó decir sola en aquella oscura habitación.
 - Hombre una carta, algo es algo. Espero que me digas algo más. Masculló.

    Hola mi chica verde,
  Espero que te guste mi regalo y que lo utilices mucho este invierno. Si ves es de tu color, verde, para que no te sientas extraña. Además así resalta tu belleza y los parisinos enmudeceran ante tí. Yo por mi parte estoy bien, ya sabes muy ajetreado y como las motos todos los días. Como siempre vaya, pero intento tomarme las cosas con calma. Creo que voy madurando. Los proyectos todos van saliendo y la exposición está ya a punto.
  Bueno cuidate mucho y sé fuerte. Escríbeme que te echo de menos,
    Pablo.

 Miró la nota de nuevo, la leyó una y otra vez y con cada una su furia seguía creciendo. Notó que estaba llorando y se obligó a parar y a respirar hondo. Esto no era lo que ella esperaba, esto no era lo que tenía que haber escrito. Para qué, para qué le escribía si no le iba a decir nada sobre ella. Por qué le regalaba algo con lo que esperaba que otros hombres se fijaran en ella. Por qué todo aquello. De acuerdo que siempre habían tenido una relación bastante abierta, que los dos habían tenido parejas u otras relaciones, pero por qué esa indiferencia. Su mente no paraba, de una pregunta se pasaba a un recuerdo, de un recuerdo a una sensación y de esta a una nueva pregunta. Su celebro estaba llegando a una actividad frenética cuando se dió cuenta de que éra.
 Respiró he intentó calmarse. Se encaminó hacia el baño, tomó un pequeño trozo del rollo de papel y se secó las lágrimas, para seguidamente despejar su nariz. Ya más calmada, y su galopante pulso volviendo a la normalidad, volvió al cuarto. Se dirigió al equipo de música he enmudeció a Serrano. Su tiempo había acabado, al igual que todo aquello. Sacó el CD y lo metió en su caja. Mientras le daba una fugaz mirada a la carátula maltrecha por el paso de los años, le pasó la mano por encima dándole un callado despido.
 Esto había terminado, él no iba a ayudarla a andar, pues iba a seguir inmerso en su ombligo. Si con la distancia no había levantado la cabeza para ver que ella se estaba alejando, cuando la tuviese cerca menos. Si no sabía ponerse en su piel y deducir que cuando se está lejos de todo se pasa mal, cómo se iban a mirar a los ojos y leerse sin necesidad de hablar. Si no era capaz de decirle todo sólo a ella, que más daban esas caricias y esas frases, ahora vacías, después del sexo. Si no había sido capaz de verla, ...ya sería capaz ella.
 Buscó entre los discos y dió con lo que quería. Si su vida había cambiado su discografía también debía de hacerlo. Se agachó y extrajo otro CD de su sitio. Como el que sujeta entre sus manos un tesoro, lo abrió, extrajo el disco y lo colocó en la bandeja. Esta comenzó a entrar y con ese recorrido supo que empezaba una nueva frase en el libro de su vida, tras un punto y aparte.
 Los altavoces empezaron a vibrar y se pudo oir la voz grave de Bebe, subiéndole poco a poco la moral con su "Ella". Subió el volumen, y mientras, el sonido inundaba todo su pequeño ático y Paris se calaba fuera. Se fué a la cocina, se sirvió un copa de vino y se sentó en la encimera a ver la lluvia golpear los cristales. Con el primer tragó saboreó su nuevo sentimiento de libertad en su vida. Sonrió, y deseó que llegase el día para comerse el mundo.

jueves, 30 de agosto de 2012

,,Regalos''


Quiero regalarte un mundo estrellado
mas las estrellas no son alcanzables,
quiero regalarte un mundo adornado
mas su adorno propio es incambiable.

Te regalaría toda la felicidad entera
pero sólo tú puedes conseguirla,
te regalaría la paz y la armonía
pero así no te daría la dicha plena.

Quisiera obsequiarte con dinero
si ello en sí no fuera lo más banal,
quisiera obsequierte con ser eterno
si ello no fuera quitarte todo lo real.

Mas no siendo conjeturas del presente,
un loco carruaje quiere obsequiarte
solo con sus insignificantes presentes.

Te regalo un mundo de colores pintado
que en cada tono guarda algo de magia,
te regalo un mundo de chistes contados
que en cada uno guarda un poco de tu gracia.

Te doy millones de momentos de alegría
para que tu corazón triste no llegue a estar,
te doy varios momentos de tranquilidad
para que tu mente la sabiduría pueda hallar.

Te obsequio con todo mi amor y cariño
pues es lo más grande que te puedo dar,
te obsequio con vivir muchas cosas contigo
pues de tu lado nunca me quiero separar.

Son regalos sencillos los que te hago
mas son valiosos para este loco carruaje,
y solo felicitarte es todo lo que te hago.

viernes, 24 de agosto de 2012

Ahora...




















 Ya hace unos años cantaba la comparsa de Juan Carlos Aragón, "...dicen que corren malos tiempos, para los revolucionarios...." Revolucionarios, palabra que según la R.A.E. denota en su primer significado "adj. Perteneciente o relativo a la revolución."
 Revolución, dónde está ese agitamiento de las masas, dónde nos encontramos todos los que no aceptamos esta situación. Malos tiempos corren, para los que siendo marionetas en las manos de la clase dirigente nos paramos a jugar con nuestro reflejo de juguete en el Bundestag. Copias igual de baratas somos los visitantes de palacios y castillos, admiradores de jardines cultivados. Copias igual de malas, pues tras tantos muros gruesos, tras tanto oro, sólo se escondían unos pocos, sólo jugaban a poseer el mundo los titiriteros de esas épocas pasadas.
 Después de tantos trabajos al sol para arreglar jardines que no disfrutamos, después de tantos hijos ilegítimos paridos y criados bajo el yugo de la vergüenza. Tras tanto sudor y lágrimas derrochados para cultivar alimentos que no probábamos, con tantas vidas tempranamente acabadas en guerras que no nos incumbían. Con tantas bilis atragantadas por no hablar, saliva tragada para no decir; con tantas cosas aguantadas y calladas. Con tanto y con tan poco, como la mera palabra, digamos BASTA.
Basta a la tiranía, al gobierno de unos pocos y la esclavización de muchos. Basta a los gritos ahogados, a las libertades perdidas. Basta, basta de cumplir el papel de las marionetas viejas y hajadas de este Mundo.
... ahora que corren malos tiempos para los revolucionarios...

lunes, 13 de agosto de 2012

Tiempos difíciles

 Tiempos difíciles se dice que corre nuestro mundo. Tiempos difíciles para una juventud preparada intelectualmente pero sin opciones a desarrollar capacidades. Tiempos difíciles,... vienen siempre antes de una batalla.
 En estos tiempos en los que el cielo anochece anaranjado anunuciando las guerras y fuegos que se están desarrollando. Tiempos en los que después de una noche estrellada y serena, se despierta el mundo bajo un cielo rojo, signo como decían los antiguos de la sangre derramada durante la oscuridad de la noche. Tiempos difíciles,... son los que corren.
  Un hombre lee tranquilamente ajeno al mundo que lo rodea. Es un hecho significativo de aislamiento de su realidad, de ese momento y ese espacio. Nada perturba su tranquilidad, nada... pero el mundo parece recordarle que tiempos pasados se dan ahora igual que antes. Sobre su cabeza se alza el mismísimo signo potente de la lucha, de una guerra pasada que otros lucharon. Guerras que parecemos olvidar en tiempos de calma. Guerras, violencia, lucha y dolor que parece luchar con la paz, tranquilidad y alegría de los que cultivan la mente más que el cuerpo para una batalla. Pero por más que intentemos huir y escapar, la sombra de la violencia viaja siempre, y desde tiempos inmemorables, junto al ser humano, sin piedad y sin descanso. Siempre acechante es una guerra futura como acechante esa sombra de guerrero que trepa por la pared. Las guerras son pasado que no debemos olvidar, presente que debemos conocer, y futuro que debemos temer.
 Son tiempos difíciles,... debemos despertar al mundo y luchar pacíficamente por lo nuestro. Despertad vivientes, despertad. Pues al final de nuestros días ya descansarán nuestros huesos sobre la dura y gélida piedra, convirtiéndonos en polvo y volviendo a nutrir la tierra que pisamos.



sábado, 4 de agosto de 2012

A Contratiempos

 Bárbara, era el nombre que había recibido por ser el de su abuela materna. Ahí estaba ella, una noche más en un rincón del gran salón de su humilde casa. Se había puesto un piquillo negro sobre los hombros, que tapaba el camisón de verano. Pues la noche no era bochornosa y el estar sentada tanto tiempo le enfriaba los músculos caídos por la flacidez de los años. Su melena blanquecina y algo alborotada, como siempre, le caía ya a esas horas de la noche sobre sus delgados hombros. Ahí se encontraba, tejiendo una bufanda para su nieta.¡Quién sabía si le daría tiempo de ver otro invierno! Hay que ser precabidos, decía a menudo; ésa era su filosofía.

  Martilleados se encontraban sus huesos del paso de tantos años de la mano de mucho trabajo forzado. Sentada, en la vieja mecedora, ésa que tanto habían querido cambiar sus hijos. Esos mismos que no llegaban a comprender el cariño que ella le tenía. Aunque a veces en su fuero más interno se revelaba el pensamientos de que sus hijos, no es que no podían sino que no querían ver la importancia de las cosas. Esa mecedora donde había calmado sus pesadillas y los había acurrucados bajo el piquillo para volverlos a dormir. Ahí donde tras un día duro de trabajo compartía conversaciones, rutinarias o no, o simples silencios con su Pepito, su querido marido.

  Ella que tras tantos, tantos esfuerzos hechos por darles algo de comer y que fuesen buenos chicos. Creía que no poder encontrar en ciertas ocasiones esa recompensa deseada con todas sus fuerzas. Ay, las nuevas generaciones, pensó. Y hablando de generaciones más jóvenes... ¡qué loco está el mundo en estos tiempos!, pensaba entre punto y punto.

  Entre los movimientos constantes de adelante a atrás de su lugar de reposo a contratiempo, con el sonido metálico de las agujas al chocar una con otra que inundaba toda la casa. Entre el frío instaurado en su casa ya vieja y solitaria, habitada muy a su pesar por solo ella misma. Entre esa monotonía, acogedora y en el mismo minuto aterradora. Entre todo eso, Bárbara se acordaba de las noticias que había escuchado esa mañana en la radio. Las mismas, que como un reloj innerte y constante, habían repetido al mediodía y en la cena. Bueno, en la segunda ocasión no estaba muy segura, pues había dado alguna que otra cabezadilla,debido a las horas que eran por supuesto. Pero todo sería igual, se consolaba; total llevaban toda la vida haciendo lo mismo.

  Ahí se veía Bárbara recordando, que según decían, había crisis económicas, ¡a saber qué sería eso! Que las ciudades se llenaban de protestas y violencia. Y que los políticos,...ay, ésos, se sonrió mientras su mente divagaba y se perdía por recuerdos aún no olvidados. Ésos eran la peor calaña para el pueblo. Aunque qué sabía ella, con sus ya 93 años. Qué iba a comprender, si sólo desde que nació vivió en el campo, y con poco más de 7 añillos la sacaron de la escuela para recolectar y cuidar de los animales.Para no saber, se dijo, para no saber no sabía ni qué era elegir. Si bien, a los 14 años le buscaron un buen pretendiente, decía por aquel entonces su madre. ¡Las madres! Pero sí, sí que había sido un buen hombre su Pepito. Le había dado un hogar, el pan de cada día y cuatro hijos sanos y hermosos. Además, a ella nunca le faltó de nada y su cariño,...ay su cariño. Éso es lo que más extrañaba ahora.

  Un reguero de agua salada empezó a inundarle los ojos cansados por el esfuerzo de mirar fijamente las agujas, y no menos a la vida. Y de esos ojos marrones, como afluente a contracorriente, salieron un par de lágrimas.

  - Pepe, Pepito, ¿por qué te fuistes?Mírame aquí estoy sola, sin más compañía constante que la del frío. No te da nada. Con lo que yo te quise, y tú, tú te tuvistes que ir. ¿Los niños?
  Los niños ya sabes que son grandes y que tienen sus vidas. Rosa, sabes que al vivir en el norte baja poco. Juan y Carlota, sí vienen a verme de vez en cuando, con los nietos. Pero yo no estoy para esos trotes, que ya sabes que lo que quiero ya es estar tranquila; y esos niños son unos torbellinos, además de esos aparatejos, a los que siempre están enganchados, y con música tan alta. ¡Una vara y al campo por un día los mandaba yo! Ay, Pepe. Y Ana, Ana si que me quita el sueño. Esa chiquilla, no sé que habremos echo mal con ella. Mira que es la que más pendiente está de mí , pero ahí anda con su carrera terminada y no encuentra trabajo de lo suyo, dice. ¿Y qué es lo suyo, cuentas? Pero si esas son necesarias hasta para una casa, ¡sabré yo! Y luego, viviendo sola como está, sin un hombre que la cuide, como tú hacías conmigo. Qué va a ser de ella, con estas cosas que dicen todos los días por la radio. Sabes, yo no le digo nada pero yo pongo mi radio, por si un día dicen algo sobre un trabajo de lo suyo, y así la puedo ayudar.
  Vistes, cómo cambiaron las cosas. Nosotros que luchábamos por libertad y un trozo de pan para llevarnos a la boca. Y mis pobres niños,... creí que no les iba a faltar de nada. Y me doy cuenta de que fallamos, Pepe, fallamos... les falta lo más importante, la ilusión.

  En la inmensa noche, que se colaba por la ventana, rota solo por las farolas. que estaban ya viejas como Bárbara, se empezó a oir el tintineo de gotas estrellándose contra la reja. En ese instante la calle se alumbró de un golpe de luz blanca, y cuando todo volvió a la oscuridad un trueno retumbó más dentro que fuera de la humilde casa.

  Bárbara se sobresaltó, pues le pareció una casualidad poco apropiada para el estado delicado de su corazón. Así que se secó sus pequeñas lágrimas derramadas con el dorso de la mano, antes de ponerse a tejer de nuevo. Miró a la calle, con la mirada perdida en la espesura de la noche y a su Pepe le volvió a decir un Adiós. Sumergiéndose ella de nuevo en el atronador sonido de la tormenta, y el contratiempo de su mecedora y sus agujas.




"No coincidimos en experiencias ni circunstancias con nuestros mayores. Sólo intentemos comprenderlos cuando veamos que no se adaptan a los cambios vertiginosos que da la vida, aceptémosles y regalémosles una sonrisa jugando a la rueda rueda con los recuerdos y el cariño".